No machistas

Los estereotipos y modelos machistas se aprenden en casa, por lo que es allí en donde debe comenzar la educación para romperlos

Igualdad, respeto, confianza, sororidad, deconstrucción e inclusión son algunos de los principios que podríamos enumerar a la hora de pensar en la educación que pretendemos darles a los niños de hoy. Estas mismas convicciones presentan Liora Gomel y Ariel Dorfman en “Cómo criar hijxs no machistas. Preguntas, ideas y desafíos”.
Los autores parten de una premisa indiscutible: “Si no hacemos nada ni pensamos nada ni preguntamos nada, vamos a replicar por inercia el modelo hegemónico de familia machista, incluso cuando no se parezcan ni a nosotros ni a nuestros hijos”. La propuesta es desafiarse a uno mismo, salirse de la zona de confort, no creer que aquello que intelectual o emocionalmente heredamos es nuestra única opción.
Entonces, anticipan: “Esos modelos que queremos cuestionar endiosan a los varones que encajan en el estereotipo machista —el varón que tiene que salir a cazar para traer la comida (ser proveedor económico), haber nacido en occidente (blanco), gustar de muchas mujeres (heterosexual) y nunca pero nunca llorar (ser insensible)— y menosprecian a cualquier otro tipo de varón y a cualquier mujer”.
Pero, ¿cómo hacemos para cuestionar y cuestionarnos?, ¿cómo enfrentamos esta tarea, tan necesaria y a la vez tan compleja? “La clave es el tiempo, darnos tiempo para hacernos y hacer preguntas, conversar sobre lo que nos incomoda, ensayar nuevas formas, nuevos modelos”, dijo Gomel. Entonces, ambos escritores –que son pareja- reunieron “algunas preguntas e ideas de nuestro recorrido como personas, pareja, madre y padre, y como familia para construir un ambiente inclusivo, igualitario y respetuoso. También incluimos los desafíos, porque no es un proceso concluido. Sabemos que es difícil y que no nos sobra el tiempo o la energía para cortar la inercia y armar una trama distinta. Pero estamos convencidos de que el ejercicio vale el esfuerzo y que produce acostumbramiento del bueno, porque al final de un día más igual, más respetuoso, cada integrante de la familia (de la sociedad) se siente mejor”, añadió.
La problemática que el libro pone en relieve se evidencia cada día y en cada ámbito. El reto es que lo que ayer parecía normal hoy marque, al menos, una incomodidad. “Tanto la igualdad como la diferencia son construcciones sociales: igualdad es que nuestras hijas puedan soñar con pilotar un avión, ser presidentas o superheroínas; también que sueñen con ser como Bob el constructor o tener muñecos varones. Igualdad es que nuestros hijos puedan ver programas de cocina, jugar con muñecos y muñecas o llorar si les duele el alma.